miércoles, 15 de mayo de 2013

Quiéreme

Quiéreme.

Manifiéstate de súbito.

Choquémonos, como por arte mágico
en el Bukowski,
un Miércoles.
Pidámonos disculpas. Sonriámonos.
Intentemos tirar el muro gélido
diciéndonos las cuatro cosas típicas.

Caigámonos simpáticos.
Preguntémonos cosas.
Invitémonos
a bebidas alcohólicas.
Dejémonos llevar más lejos. Déjame
que despliegue mi táctica.
Escúchame decir cosa estúpidas
y ríete. Sonríeme. Sorpréndete
valorándome como oferta sólida.
Y a partir de ahí

quiéreme.


Sin rúbrica, pero por pacto tácito
acepta ser mi víctima.
Déjame que te lleve hacia la atmósfera,
acompáñame a mi triste habitáculo.
Sentémonos, mirémonos,
relajémonos y pongamos música.
De pronto, abalancémonos
besémonos con hambre, acariciémonos,
Desnudémonos rápido
y volvámonos locos. Devorémonos
como bestias indómitas. Mostrémonos
solícitos en cada prolegómeno.
Derritámonos en abrazos cálidos
Virtámonos en húmedos océanos.

Ábrete a mí, abandónate y enséñame
el sabor de tus líquidos.
Mordámonos, toquémonos, gritémonos
permitámonos que todo sea válido
y sin parar,
follémonos.
Follémonos hasta quedar afónicos

Follémonos hasta quedar escuálidos.


Durmámonos después, así,
abrazándonos.

Y al otro día

quiéreme.

Despidámonos rígidos, y márchate
de regreso a tus límites
satisfecha del paréntesis lúbrico
pero considerándolo algo efímero
sin segundo capítulo.
Deja pasar el tiempo, mas sorpréndete
recordándome en flashes esporádicos
y sintiendo al hacerlo un sicalíptico
látigo por tus gónadas.
Descúbrete a menudo preguntándote
qué será de este crápula.

Y un día, sin siquiera proponértelo
rescata de tus dígitos mi número

llámame por teléfono
y alégrate de oírme. Retransmíteme,
ponme al día de cómo van tus crónicas
y escucha como narro mis anécdotas.
Y al final, algo tímidos, citémonos.
En cualquier cafetín de corte clásico
volvámonos a ver, sintiendo idéntico
vértigo en el estómago.


Y en ese instante

quiéreme.

Apenas pasen un par de centésimas
sintamos al unísono un relámpago
de éxtasis limpio y cándido,
y en un crescendo cinematográfico
dejémonos de artificios y máscaras.
Rindámonos a la atracción magnética
que gritan nuestros átomos

y sintámonos de placer pletóricos
por sentirla recíproca.
Unidos en un abrazo simétrico
perdámonos por esas calles lóbregas
regalándonos en cada parquímetro
con besos mayestáticos
que causen graves choques de automóviles
y estropéen los semáforos.


Y para siempre

quiéreme.

Dejemos que se haga fuerte el vínculo,
unamos nuestro caminar errático,

declarémonos cómplices,
descubramos restaurantes asiáticos,
compartamos películas,
contemplemos bucólicos crepúsculos,
charlemos de poética y política
y celebremos nuestras onomásticas
regalándonos fruslerías simbólicas
en veladas románticas.


Y entre una y otra

quiéreme

Dejemos de quedar con el grupúsculo
de amigos. Que los follen por la próstata.
Pues si ponemos el asunto en diáfano
solo eran una pandilla de imbéciles.
Cerrémonos, y en un afán orgiástico
con afición sigamos explorándonos
buscando como ávidos heroinómanos
el subidón de aquel polvo iniciático.

Y aunque no lo logremos. Da igual.


Quiéreme.

Para evitar que nuestra vida íntima
se corrompa con óxido

busquémonos alternativas lúdicas
apuntémonos a clases de kárate
o de danzas vernáculas
juntémonos en cursos gastronómicos.
Presentémonos
a nuestros mutuos próceres
anteriores del árbol genalógico
y a lo largo del cónclave
sintámonos con ellos algo incómodos
mas felices de haber pasado el trámite.

Y quiéreme después. Sigue queriéndome,

continuando con el proceso lógico
juntemos nuestras vidas en un sólido
matrimonio eclesiástico,
casémonos a la manera clásica,
hagamos un bodorrio pantagruélico,
y cual pájaros de temporada en éxodo
vayámonos de viaje hacia los trópicos
y bailemos el sóngoro cosóngoro
mientras bebemos cócteles exóticos..


Y al regresar, sentemos nuestros cráneos.
Comprémonos un piso. Hipotequémonos
Llenémoslo con electrodomésticos
y aparatos eléctricos,
y paguemos en precio de las dádivas
regalándole nueve horas periódicas
a trabajos insípidos
que permitan llenar el frigorífico.

Y mientras todo ocurre, solo

quiéreme,


del fondo de tu útero
saquemos unos cuantos hijos pálidos,
bauticémoslos con nombres de apóstoles,
llenémoslos de amor y contagiémoslos
con nuestra lóbrega tristeza crónica.
Apuntémoslos a clases de música
de mímica y de álgebra,
y démosles zapatos ortopédicos,
aparatos dentales costosísimos,
fórmulas matemáticas
y complejos edípicos
que llenen el diván de los psicólogos.


Releguemos nuestro ritual erótico
a la noches del sábado
cuando ellos salgan véstidos de góticos
a ponerse pletóricos
ciegos de barbitúricos.
Paguémosles las tasas académicas
a los viajes a Ámsterdam.
Dejemos que presenten a sus cónyuges
y al final, entreguémoslos
para que los devoren las mandíbulas
de este mundo famélico.

Y ya sin ellos

quiéreme


a lo largo de apuros económicos
y de exámenes médicos,
mientras que nos vovemos antiestéticos
más cínicos, sarcásticos,

nos aplaste el sentido del ridículo
y nos comen los cánceres y úlceras.
Quiéreme aunque nos quedemos sin diálogo
Y te pongan histérica mis hábitos.
Enfádate, golpéame, hasta grítame
y como única válvula catártica
desahógate en relaciones adúlteras
con amantes más jóvenes

y regresa entre lágrimas y súplicas
perjurándome que aún sigues amándome.


Y yo contestaré tan solo
quiéreme.
Quiéreme aunque te premie salpicándote
en escándalos cíclicos
y te insulte, y te haga sentir minúscula
y me pase humillándote
y me haya vuelto un sátrapa
que roza cada día el coma etílico
y me haya vuelto politoxicómano
y me conozcan ya en cada prostíbulo.


Continúa queriéndome mientras pasan espídicas las décadas
y nos envuelve el tiempo maquiavélico
en un líquido amniótico
que borre el odio que arde en nuestros glóbulos
y nos arroje al hospital geriátrico
a compartir habitación minúscula
inválidos, mirándonos
sin más fuerza ni diálogo
que el eco de nuestras vacías cáscaras.


Quiéreme para que pueda decirte
cuando vea la sombra de mi lápida
Y antes de que venga y cierre la mano
de la muerte mis párpados:

“Ojalá,
ojalá como dijo aquel filósofo
el tiempo sea cíclico
y volvamos de nuevo reencarnándonos
en dos vidas idénticas,

y cuando en el umbral redescubierto
de una noche de miércoles pretérita
tras chocarme contigo
girándote, me digas: "Uy, perdóname"
le ruego que permita el dios auténtico
que recuerde en un segundo epifánico
cómo será el futuro de este cántico
cómo irán nuestras flores corrompiéndose
cómo acabaré odiándote
cómo destrozarás cuanto fue insólito
en este ser,
cómo la vida empírica
nos tornará en autómatas patéticos
hasta llevarnos a la justa antípoda
de nuestro sueño idílico."

"Y sabiendo todo esto, anticipándolo
pueda mirarte directo a los ojos
y conociéndolo muy bien. Sabiendo
el devenir de futuras esdrújulas
destrozando en un pisotón mi brújula

te diga
solo



quiéreme."




Poema de Daniel Orviz 



martes, 14 de mayo de 2013

3 películas sobrevaloradas

BIG FISH
"Insoportablemente eterna"

Ya hablé de esta película en un post que al parecer poca gente leyó bien (o me expliqué mal y en general se entendió que me había gustado). Pues no. Os cuento.

Yo sabía que el cine es subjetivo, y que depende del momento en el que veas una película la puedes asimilar de una manera u otra. Lo sabía. Aun así, siempre me había fiado de las recomendaciones de mis amigos y de las de Filmaffinity (un poco más de las últimas, quizás), y siempre había estado de acuerdo con las altas puntuaciones que los usuarios daban a las grandes obras. Pero llegó el día en que me animé a ponerme Big Fish porque vi que le daban un 8... y se me cayó la venda de los ojos, esta vez de verdad. No me lo esperaba, habiéndome gustado tanto Eduardo Manostijeras o La novia cadáver, no me lo esperaba. No llevaba ni media película cuando me di cuenta de que estaba mirando el reloj cada dos minutos, muriendo por momentos de soberano aburrimiento. Lo siento en el alma por los fans de Burton, de verdad. Sólo me pregunto... ¿dónde quedan los personajes góticos y macabros que caracterizaban la obra del autor? ¿Por qué han sido sustituidos por tanta cursilería y ñoñería? 

MOULIN ROUGE
"Lo más grande que te puede suceder es que te amen y te aconsejen que no la veas"





















No sé por qué, antes de verla ya intuía que no me iba a gustar, pero la presión de grupo hace mucho y casi  todas las mujeres a las que conozco la ponen por las nubes (incluso algún que otro hombre). Pues no, no me gustó tal despliegue de música versionada, colores, fuegos artificiales, bailes y AMOR de ese que mata incluso aunque no conozcas de nada a la otra persona. Tampoco soy quién para opinar sobre un musical, porque no he visto muchos que digamos, pero eso de ver a dos tortolitos bailando sobre un tejado me parece a mi que no me acaba de convencer, oye.   


EL CURIOSO CASO DE BENJAMIN BUTTON
"El curioso caso de una buena idea que acabó en bodrio"
sd
A ver, cómo explicarlo... ¿Sabes cuando te dicen que tienes que ir a tal sitio porque es una pasada y tiene todo lo que te gusta y vas a pasártelo genial y bla, bla, bla? Pues eso me pasó con esta película, la diferencia es que nadie me dijo nada, me ilusioné yo sola. Había un par de cosas que me hacían pensar que no podía perdérmela: el argumento y Brad Pitt. Eso de vivir la vida al revés, nacer viejo y morir bebé, es un tema que ya me había planteado, así que me entusiasmaba que hubiesen hecho una película sobre ello. Fui al cine, toda convencida yo de que iba a salir de allí con una de mis nuevas películas favoritas. Maldito el día, qué decepción. No esperaba aburrirme, no esperaba pensar que lo único que se había salvado de la película era Brad Pitt caracterizado como si tuviera 25 años. Con todo lo que podrían haber sacado de una idea tan buena...

Y, según vosotros ¿qué películas están sobrevaloradas?
[Para que no creáis que soy tan negativa, que siempre veo el vaso medio vacío etc. etc. mañana (o pasado) haré un post sobre otras tres películas, esta vez infravaloradas. Las tengo ya pensadas, pero si queréis darme ideas, bienvenidas sean...]



domingo, 12 de mayo de 2013

[Inserte aquí el título]




Es jodido. Es jodido sentir que algo te quema por dentro y no saber bien ni qué es ni dónde está. En el mismo momento en el que empecé a notarlo supe que no había vuelta atrás, y que no me digan que el tiempo lo cura todo porque lo único que hace ese hijo de puta es que las heridas cicatricen, no que desaparezcan. En un primer momento pensaba que se encontraba en el estómago, porque solía hacer acto de presencia a menudo rugiendo y gruñendo como un león… eso de las maripositas aleteando alegremente ahí dentro que se lo cuenten a otra. Después empecé a pensar que corría por mis venas, que lo llevaba en la sangre, ya que nunca antes mis mejillas habían adquirido ese tono tan favorecedor que en realidad me ayudaba a prescindir del colorete. Además, el maldito órgano que la sociedad ha decidido representar de una forma tan diferente a como lo es en realidad, me bombeaba con mucha más fuerza de lo normal. Pero un tiempo después acabé sabiendo que no estaba ni en mi estómago ni en mi sangre. Estaba en todas partes. En mi cabeza, ocupando cada resquicio de mi cerebro, habitando tanto en el hemisferio izquierdo como en el hemisferio derecho, incluso en la cisura interhemisférica, dando órdenes desde ahí arriba que acabarían yendo a parar a cualquier parte del cuerpo. A mis piernas, que decidían no responder cuando les entraba el arrebato; a mi pecho, que a veces encontraba dificultad para respirar; a mis ojos, que se quedaban clavados en algún lugar de lo que llaman horizonte sin estar viendo nada realmente; a mis manos, que solían ir a parar a mi sexo por las noches, haciéndome surcar los mares del placer y la nostalgia... Y yo lo siento mucho por mis adentros, pero más lo siento por mí, que soy la que los lleva y la que sufre sus pataletas.


jueves, 2 de mayo de 2013

"Mamá, no quiero estudiar"


- ... Y así fue como los musulmanes conquistaron la península ibérica. 

- (...)

- ¿Y bien? ¿Podrías explicármelo ahora tú? Quiero ver si lo has entendido y memorizado.

- (...)

- Va, cuanto antes acabemos, antes me iré y antes podrás seguir jugando a la Play.

- Es que no se me ha quedado. 

- ¿Nada?

- Nada.

Y así era cada uno de los días en los que daba clases de repaso a niños de entre 14  y 16 años. Niños que, aparentemente, no se interesan por los estudios ni sienten ninguna clase motivación por aprender (ni siquiera por aprobar). Yo llegaba a casa bastante frustrada muchos días. Me sentía impotente, inútil y decepcionada conmigo misma. No era capaz de enseñar, y menos aún de motivar, "¿cuál es el secreto?, ¿cuál es la clave?", me preguntaba una y otra vez.

Después de darle muchas vueltas llegué a una conclusión (quizás errónea): Por qué. Por qué tenía ese chaval que saber cómo fue la conquista musulmana de la península ibérica. Quizás era eso lo que él, inconscientemente, se preguntaba una y otra vez sin poder llegar a responderse.

Abrimos el libro, vemos que el tema 1 explica lo que sea y lo estudiamos para después vomitarlo en el examen. Ese niño de 16 años al que le encanta jugar a baloncesto, escuchar música y jugar a la Play no entiende por qué es importante saber resolver ecuaciones o aprenderse la Guerra Civil. Y lo comprendo. Yo a su edad tampoco sabía para qué necesitaba saberlo (y aún hay cosas que sigo sin saber para qué me han servido), pero yo era la típica niña a la que sí le importaba sacar buenas notas para tenerse contenta tanto a ella misma como a sus padres. A él, al igual que a muchos otros niños, no le importa sacar buenas notas. No le importa suspender y tampoco le importa quién fue el último emperador romano, porque nadie le ha dicho nunca por qué debe importarle. Yo recuerdo, por ejemplo, que con una frase una profesora hizo que historia se convirtiera en una de mis asignaturas preferidas: "Estudiamos historia para no repetir los errores del pasado", nos dijo. A mi le fue fácil convencerme.

Sé que es cierto que aun haciéndoles saber a los niños por qué deben importarle ciertas cosas seguirían sin querer estudiar. Pero también sé que la mayoría de profesores tampoco saben por qué los niños deben aprender lo que les están enseñando y que precisamente por eso es imposible que puedan transmitírselo. Estoy segura de que si a un adolescente le hicieses comparar la poesía del siglo XVIII con una canción de rap actual, se pondría con más ganas a hacer sus deberes, por poner un ejemplo. Es difícil, lo sé. Parece utópico, también lo sé. Pero espero, con ganas, que los estudiantes de educación de las nuevas generaciones luchen por modificar el sistema educativo y que la tasa de abandono escolar baje de una vez. La educación es libertad, o al menos debería serlo, de ello no me cabe la menor duda.