martes, 17 de julio de 2012

El metro


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Subí al vagón de siempre, el último de todos, para así tener más cerca la salida de la parada en la que me tocaba bajar. Eran las nueve de la noche. Había acabado de trabajar más tarde de lo normal por unos informes que aún no estaban terminados. Y, por cierto, los informes no eran míos, sino de la encargada, pero ya se sabe… Además, prefiero eso que no llevarle el maldito café cada media hora. De eso ahora se encarga otra.

No había mucha gente a esa hora en el metro, pues los que acaban de trabajar lo hacen antes y los que empiezan a trabajar lo hacen después. Aunque hay horarios de todo tipo y gente de todo tipo. En ese momento yo estaba incluida en ese saco de gente de todo tipo.

No tuve problemas para encontrar asiento, es más, seguían quedando asientos libres después de haber encontrado yo el mío. Seguidamente, saqué el libro del bolso para empezar a leer. Suelo hacerlo, aunque por las mañanas normalmente leo el periódico gratuito que reparten a la entrada del metro. Llegado ese punto de la tarde ya me sabía todas las novedades más destacadas de la actualidad y me disponía a sumergirme en una historia diferente a la mía, diferente a mi vida, a mi alrededor, a la realidad. Pensar por un rato en problemas que no me incumben a mí, y, aun así, sentirme en la piel del protagonista, querer averiguar su destino, implicarme en ello reflexionando y soñando…

Cuando ya estaba totalmente metida en ese otro mundo, noté como alguien se sentaba a mi lado, en uno de los asientos que habían quedado libres. No levanté la vista en ningún momento, pues me interesaba más cómo seguía la historia de mi libro y la vida del protagonista que conocer el rostro de la persona que me había dado un leve empujoncito intentando acomodarse en el asiento de al lado. Aun así, algo me obligó a levantar finalmente la vista:

- Perdona, ¿qué libro lees?

Reconozco que quedé algo sorprendida. Pensé que el adjetivo más conveniente para ese sujeto era ‘descarado’. Ni siquiera me paré a pensar en mi respuesta y tan solo contesté por educación, ya que hubiese preferido quedarme callada.

- ¿Por qué crees que oculto su tapa?

Me refería a una funda de papel que había hecho yo misma para cubrir la portada y la contraportada del libro. De esa manera ni se estropeaba ni atraía la vista de curiosos como aquél que tenía ahora mismo justo al lado.

- Porque te avergüenzas de lo que lees, ¿no? – La coletilla del "¿no?" resultó bastante irritante.

No lograba entender cómo era capaz de formular esa pregunta a una desconocida como lo era yo para él. Empezaba a cansarme, de hecho ya estaba cansada y sólo me faltaba un sinvergüenza como aquél para rematar el día. No tenía ganas de jueguecitos.

- Se trata de ocultárselo a entrometidos como tú.

Ni yo misma sabía que podía llegar a ser tan tajante. Aun así, tan sólo logré callarlo por unos instantes.

- Vaya, perdona, ¿eh?, aunque sigo creyendo en mi teoría.

Los dos nos quedamos callados y nos giramos hacía nuestros respectivos quehaceres. Yo, seguir leyendo, aunque ya no pensaba tanto en el destino del protagonista. Él, la verdad, no sé muy bien qué hacía. Creo recordar que sacó su móvil un segundo, quizás para mirar la hora, quizás para ocuparse de algo que no fuese yo y el título de mi libro. Me sentí un poco avergonzada. En parte por haber sido tan brusca. No sé qué me llevó a contestar así., podría haber sido por mi mal día, o, sin ir más lejos, por el efecto que me produjeron las preguntas de ese desconocido. Era atrevido, espontáneo y sincero. Mayor que yo, aunque no mucho más. Pero, ¿qué más daba eso? Me había hecho enfadar. Sin ninguna razón de peso. O quizás sí. Su impertinencia e insistencia.

- ¿Te pregunta mucha gente por los títulos de tus libros? –Realmente no sabía muy bien por dónde iba a salir esta vez.

- No, ¿por qué? – Me miró, sonriendo ligeramente.

Él esperaba esa respuesta incluso antes de hacerme la pregunta y tenía perfectamente preparada la contestación a ese porqué.

- Pensaba que sí. Como has dicho que utilizas la tapa para desquitarte de los entrometidos… pero si no es así, si no te preguntan, ¿Crees entonces que todo el mundo te mira y se pregunta qué lees?

Quedé estupefacta. Él pensaba que yo me creía el ombligo del mundo, o quizás sólo quería hacérmelo creer, hacerme pensar. Eso me daba rabia. Yo no tenía por qué preocuparme por lo que un desconocido pudiese opinar.

- No, pero sé que la gente en el metro se aburre y mira lo que estás leyendo. No solo el título, sino que a veces leen también el contenido a la vez que lo estás leyendo tú. ¿Qué me vas a contar? Me han llegado a pedir que leyese más lenta para ir al mismo ritmo que yo, para que no pasase página si no habían acabado de leerla. Y lo que yo leo o lo que me gusta leer es cosa mía, ¿no crees? No vengas tú ahora a poner en entredicho lo que hago o porqué lo hago, por favor.

- Está bien, ya te dejo en paz. Te vuelvo a pedir perdón por haberte preguntado el título de tu libro. No quería molestarte.

En realidad, con lo bien que había quedado mi breve explicación sobre las anécdotas que yo había tenido en el metro, esas anécdotas que me hacían saber de sobras que abundan los entrometidos, acabé sintiéndome mal. Y me sentí mal porque él me hizo sentir así. Dijo que me dejaba en paz, que no quería haberme molestado. De hecho, lo había hecho, me había molestado y enrabiado, pero pidió perdón. Supo pedir perdón y esta vez parecía sincero. Hizo que brotara en mí el sentimiento de culpa, justo por esa frase, “…por preguntarte el título de tu libro…” remarcando ahí que había hecho algo insignificante como para que yo me enfadara, algo por lo que no valía la pena haberse molestado lo más mínimo. Opté por acabar esa maldita conversación facilitándole el título de mi libro. Y marchándome, pues ya me tocaba bajar. Era mi parada.

- Contra el viento del Norte.

Se giró, volviéndome a mirar, un poco sorprendido.

- ¿Qué?

- El título. Contra el viento del Norte. Daniel Glattauer.

En ese momento guardé el libro en el bolso, me lo colgué en el hombro y fui hacia la puerta, la abrí y salí de aquél vagón. De aquél extraño rato que había pasado con ese desconocido. Y, probablemente, de su vida. Caminaba, pero a la vez pensaba... en él. ¿Por qué me lo había preguntado? ¿Qué le importaba a él? Ese podría ser el quid de la cuestión. Me había hecho la irónica pregunta “¿Crees entonces que todo el mundo te mira y se pregunta qué lees?” De acuerdo, no. Pero él sí. Las dos cosas. Me había mirado y se había preguntado qué estaba leyendo. La verdad, puede que ciertamente solo le hubiese interesado el título. Por aburrimiento, por curiosidad. Yo solo era el elemento discordante, el obstáculo entre él y ese título. La que no le permitía saberlo. Pensándolo así, había sido un poco tonto e inmaduro por mi parte. ¿Qué había de malo en decírselo? Absolutamente nada...


12 comentarios:

  1. Me he reido cuando dices que hay gente en el metro que cuando está leyendo tu libro...te piden que no pases la página tan rápido...es buenísimo...Me alegro un poco pq eso quiere decir que la lectura interesa...Muchísima gente va con la portada del libro tapada...y lo entiendo..nunca lo he hecho pero lo entiendo...es como una protección a la intimidad...

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    1. Yo tampoco oculto la tapa de mis libros, pero en parte sí entiendo al que lo hace porque quizás piense que el libro que está leyendo puede decir mucho de él y no quiere que nadie se entere (imagínate que alguien va leyendo libros de auto-ayuda en el metro, todo el mundo lo miraría, seguro...)

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  2. Me ha encantado el post, la historia, de verdad...yo hubiera actuado igual que tú, soy un poco seca y borde y no soporto que me pregunten cosas o me den conversación, aunque al igual que tú, y dependiendo de la persona me siento mal...
    y por cierto que alegría verte por aquí de nuevo!!

    besines

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    1. Yo siempre que soy brusca con alguien me siento mal después. Pero claro, a veces uno lo hace sin darse cuenta y luego es demasiado tarde.

      Yo también me alegro de haber vuelto :)

      Besitos

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  3. Me he quedado embobada leyendo tu Post .
    Sólo una pregunta : ¿ Está basado en hechos reales ?
    Besos guapísima !!!!

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    1. ¡No! Es todo pura imaginación... jaja. Fruto de ver demasiadas películas y leer demasiados libros.

      Besos guapa

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    2. Ala!!yo pensé que era de verdad!1jeje,que tonta!por eso te dije lo de actuar igual que tu...jeje

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  4. Yo siempre intento ver lo que la gente está leyendo :) De hecho, me encanta ver como alguien mira la portada de mi libro para ver que leo yo... no sé, es como tener unos segundos de complicidad aportados por la lectura.

    Un beso.

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  5. Yo también lo hago, pero es un secretillo, no lo cuentes!! jajaja es que a veces me avergüenza hacerlo. Y, por cierto, también siento que hay complicidad entre lectores de metro :)

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  6. Increíble!! Que imaginación! yo también pensaba que era de verdad! y también hubiera respondido así o puede que me hubiese cambiado de vagón! jaja!
    Bsss

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  7. Ya iba a comentar que el tio pregunto solo para tratar de sacarle el telefono y una cita pero no fue real enfin...
    Yo leia un libro que en titulo original en ingles era "sabiduria de lo invisible" obviamente el titulo en español era "VUDU (y en muy chiquito) sabiduria de lo invisible" ya imaginaras las caras de los que veian que leian y solo atinaban a ver VUDU jajaja

    Saludos,
    www.biofotografica.com

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  8. Padezco una curiosidad enfermiza y grosera. Soy de ese tipo de personas que jamás se pondrían de puntillas para contemplar un escote pero capaces de la mayor desvergüenza y de romperse el cuello con tal de adivinar lo que alguien lee. Y es que entre atisbar un pezón y echarle un vistazo a lo que conmueve un alma, no hay color...

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